8 de agosto de 2016

Julián Martín Martín

Hoy traigo a mi blog uno de los regalos más bonitos que he recibido nunca: un hermoso soneto de Julián Martín Martín.

No creo merecer tanto.

Muchas gracias, Julián.


LLUVIA

A Soledad Sánchez Mulas


                El valle en el que habita la poesía
                alzada sobre luces siderales.
                Donde junto a durísimos zarzales
                emergen nuevas flores cada día.

                Donde siempre renace la armonía
                suspendida en efluvios naturales.
                Donde la brisa sueña manantiales
                y cruza tenue la melancolía,

                se ha posado silente una paloma
                que ha sabido llevar de loma en loma
                con sus alas, la llama del poema.

                Le ha engarzado palabras al rocío
                y a las aguas frutales de su río
                le ha sembrado de orquídeas la diadema.

Julián Martín Martín
Aldeatejada, 3 de febrero de 2010

18 de abril de 2016

Casa y corazón

Casa y corazón
El sueño se cumple con la energía del esfuerzo. Se vuelve plata brillante, se enhebra en la cadena de la vida y te coloca en el alero, con las alas desplegadas, dispuesta al primer vuelo ultramarino.

El ópalo blanco te brindará la calma de la piedra, la iridiscencia de aquello que conoces y de todo lo que tu corazón intuye. La serenidad para poner en tus manos el amor por tu trabajo, por aquellos a quienes cuidarás y consolarás, porque en ellos vivimos todos los que te queremos. La responsabilidad pausada que te acercará a tus pacientes, seres humanos por encima de todo, para entregarles lo mejor de ti.

Y la casa abierta, de tatuado corazón, es nuestro hogar. El que construimos con todos nuestros sueños, nuestras tardes de ángeles, nuestras noches de viernes, nuestras horas de estudio y confidencias, de secretos, de fábulas, de miedos y alegrías. 

El corazón se abre como labios para esta despedida, y te nombra y nos nombra: familia, puerto y tierra. El vuelo se dibuja sobre el agua (no te engañen las lágrimas, son olas, las nuestras) para trazar la línea del viaje. 

Y no importa cuan lejos: casa y corazón son ancla, puerta abierta, siempre, para todos tus regresos.


(No te engañen las lágrimas, son olas, las nuestras: más que al mar).







24 de enero de 2016

El faro


Ilustración: Mikel Barrero de la Fuente

El faro

Permaneció en la niebla durante la luna del deshielo y atrajo, con su destello atormentado, a los barcos que regresaban de la tierra abrasada. Nunca pudieron medir la envergadura de su construcción, ni conocer las manos que avivaban el eterno fuego de su almena cristalina. Pero era el momento donde los corazones descansaban; donde terminaban los suspiros y la ceguera del mar desdibujado; donde acababan los días grises sin horas, cuyo único diapasón era el bramido de la mar oscura.

La luz de su altanera torre contenía el secreto de las palabras no contadas y, al reflejarse en los ojos de los temerosos vigías, abría en sus pechos un torrente de historias ocurridas durante el viaje que se desgranaban sobre las tablas podridas de los barcos. La promesa de la tierra jugosa asomaba por las rendijas de cubierta y florecía, en carnosas guirnaldas de esterlicias, sobre los labios de los marineros. Al contacto con las gotas minúsculas suspendidas en la densa niebla, se deshojaba, como una mujer en su primer lecho, sobre la bravura de las aguas.

Las historias llegaban a las brillantes orillas en un baile de pétalos de hematites que reflejaban, con dulce sorpresa, los primeros rayos de luna.

Cuando los marineros pisaban al fin la negra arena, volvían las cansadas cabezas hacia la roca intuida buscando la salvadora luz. Pero la niebla se convertía en un tapiz cuajado de brillantes anillos y el faro, en su silencioso empeño, había desaparecido.

Las historias se enredaban entonces en los delicados tobillos de los tatuados. Se sentaban bajo los primeros árboles de copas ovales, cuya savia goteaba sobre sus cabezas, y comenzaban a tejer el Libro del Camino de Vuelta. No se agotaban sus gargantas, ni se entumecían sus dedos, ni sus ojos cerraban los párpados en busca de un recuerdo olvidado o de un descanso.

Cada tatuado, con la luz del faro ardiendo en el centro de su ser, contaba en las frágiles páginas cada signo grabado en su piel. Cada huella de cada viaje. Cada paso en la huida.

©Soledad Sánchez Mulas

Mikel Barrero de la Fuente: artista genial, cuyos relatos, fotografías e ilustraciones, nos trasladan a universo inquietante en el que la mirada y el corazón se abren como fuegos artificiales.
http://mikelbarrerodlfuente.blogspot.com.es/

Ilustración: Mikel Barrero de la Fuente




  

22 de enero de 2016

Tormenta nocturna






La balda tiembla, crujen los ensamblajes del mueble, crepitan las letras al caer sobre el lomo ajado de La celestina. La tormenta nocturna estremece los cajos de Quo Vadis, agita las hojas de Nostromo, deshace las tarlatanas de Siddhartha

Se atormentan sus pálidos cuerpos porque alguien ha encendido, otra vez, el maldito televisor.


© Soledad Sánchez Mulas




26 de diciembre de 2015

Treblinka

 
Fotografía de Ira Nowinski (Corbis)




Los trenes de la muerte 



PRÓLOGO. VERANO DE 1.942

Treblinka se duele de rieles.
Y ha florecido en trenes, un engañoso bulbo a sus espaldas.
Dentro, en la tierra, un rizoma de huesos.


(I) UMSCHLAGSPLATZ. EL PRIMER VIAJE

Qué lunas rotas
llevadas en el halda,
qué rastro de claveles
en los talones heridos
de balasto,
en los rieles afilados
de frío:
puente y traviesas
apresurando el alba.

Qué huida incauta
delante de la bestia,
hendiendo
el aire con fauces
ambarinas,
que arrastra
tras de sí
todos los cuerpos huecos,
llorando en pos del alma.

Qué negra calma
sentada en los andenes,
con los pañuelos
blancos
saludando,
sin manos, a todos esos trenes
que pasan
y que rompen,
con sus ventanas ciegas,
todos los ojos
mudos.

Qué golpe seco
cayendo en los vagones:
todo el plomo
del tiempo
fundiendo
los recuerdos,
en una oscuridad
felina y cúbica
que cuelga
de los árboles borrosos.

Qué mustias flores
bailando en los sombreros,
las alas rotas
resbalando, sumisas,
sobre las secas frentes.
Desmesurados
bosques,
de cuerpos apretados,
previos
humos de huesos
en el aire,
mecidos
por el vaivén lascivo.

Qué lunas,
seis lunas rotas
a horcajadas
del ignorante tren.

Deportados del gueto de Varsovia subiendo al tren (Courtesy: Leopold Page Photographic Collection,USHMM. - See more at: http://ww2today.com/4th-august-1942-waiting-for-the-end-in-the-warsaw-ghetto#sthash.Yju78nJc.dpuf)



(II)  IRENA EN EL TREN

Debes dejar que pose el agua turbia en este abrevadero,
dejar que el tren inmole las arañas
que tejen las orgánicas guirnaldas.
Que caiga en lajas tu tímida pared,
mientras tus uñas
raspan la madera,
y el cuerpo junto al tuyo
se consume en su fiebre.
Debes cegar los ojos con el ruido meloso
de las cigarras que arrastran este tren,
y nacerte en el vértice conciso
de la última pregunta que te quema;
olvidar el futuro para no despeñarte
por las aristas romas
que el viento de este eterno viaje
anuda a tus caderas.
Debes hablar con los labios partidos,
contar un cuento desde la cúspide de un cardo,
prender una torá en el envés de la hoja calcinada,
bajar del tren en la estación, desnuda, sólo tu piel,
encaje de minúsculas polillas.

Irena Sendlerowa, «Irena Sendlerowa 1942» de Desconocido - Teresa Prekerowa "Konspiracyjna Rada Pomocy Żydom w Warszawie 1942-1945"( The underground Council to Aid Jews in Warsaw 1942-1945) Warszawa 1982 ISBN 83-06-00622-4. Immediate source: Irena Sendler 1943 (2) online.. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Irena_Sendlerowa_1942.jpg#/media/File:Irena_Sendlerowa_1942.jpg


(III)  VAGÓN OSCURO

Furioso, aprieta el intestino y muerde la hora
del cilantro en la taza lunar de la polilla.
Se aplasta, erógeno, entre todos los cuerpos,
impregnando su olor, amarga almendra,
tallando en las maderas del vagón
un icono oxidado de madre-niño-monstruo.
Recorre el montículo de huesos, bailando
como nieve en las patas preñadas de la abeja,
levantando los vellos como husos,
hilando babas frías, descolgadas, en la boca de un niño.

No se duerme en el sueño. Cae al agua como
una astuta sámara, confabulada
con el viento que alza el gemir de algún bulto
y el movimiento rítmico:
yunque solar,
martillo enastado en algún astro,
del tren que coloniza. Abre una boca
para meterse dentro, amasando la roja suavidad,
tronzando el ciclamor en leña de pizarra.

Salta a un pecho y arrolla los rizomas
de algún jardín secreto para hacerse una capa.
Se yergue, sobre el sopor de un pámpano,
y aúlla como un lobo desde el laso tendal
donde ondeaba una camisa oscura, con un sol en la manga.

Brama en el tren, arrinconando agujas,
con las uñas al borde de los órganos,
escudriñando las últimas ventanas donde se muere
un lirio.

El miedo se despliega, satisfecho,
dueño y señor del filo estrecho y cárdeno
del ojo,
premonitorio humo,
cubriendo de ceniza las cordilleras óseas
que caen sin remisión en el túnel oscuro.


(IV)  NIÑO POLACO

Él los vio.
Asomado en la paz de sus ojos azules
y su cabello rubio, seguro en la indolencia de los años inocuos
de la infancia.
En el calor de aquel agosto extraño,
con las rodillas sucias, los vio pasar.
Y vio que los callaban las bocas de los hombres;
los silenció su padre, con la mirada rota
los agostó su madre, con las manos ocultas en la nieve,
perdiendo la mirada sobre los campos
secos de Treblinka.
Él vio aquella estación de cartón piedra
que se tragaba enteros los rieles,
ahondando en la alambrada, lejos,
donde las bocas ásperas cerraban pabellones.
Llegaron muchos, rompiendo con su estertor metálico
las tardes muertas. Y aquel hedor. El aire se caía
a pedazos, y lo silenció el pueblo
peinando el sol de aquel mortal verano.
Él recorrió todo el metal de todos los espinos,
y vio las falsas casas que esperaban,
los rimeros de flores… y aquellos barracones.

Pudo verlos a ellos. Una noche de impresionante luna,
tantos, tantos… bajando sombras con sus tristes maletas.
En silencio absoluto, sólo hablaban los ojos,
un rebaño de ojos esa noche.
Y guardó el secreto de sus pieles desnudas,
de todos los corales relucientes, de los vellos espesos,
del pudor de las manos cruzadas. Pero era un niño.
Y recorrió las cercas, y siguió aquel desfile.
Volvió muy tarde, envuelto en las mortajas
de ojos y de pieles, de cabellos rapados. Volvió
borracho de una masa de carne resignada.

Y se sentó fragante en el andén. Todos los días.
Y aguardaba los primeros bufidos, clavados en el aire
espeso y maloliente. Afinaba los ojos en las grietas
del vagón de ganado, y encontraba miradas:
bandadas de palomas asustadas en todas las rendijas.
Y se las calló todas. Y comía el pan recién hecho y caliente,
y abrazaba a su madre, y tiraba a lo lejos las piedras planas
en el río. Y se guardaba los ojos, las pieles, las hileras…
y aquel olor… a muerte.
Los vio pasar. Los trenes. Tantos trenes.
Los fue callando todos, uno a uno.  Y cada tren parió una luna
fría, en cada uno de sus techos. Córneas y lunas.
Capilares de sangre en cada rama que cortaba las lunas.
Y, abrazado a sus piernas, en el reseco andén
-mugre reciente en las rodillas, costra de alcíbar sobre el tierno latir-,
los vio pasar a todos. Se los calló de muerte en sus papilas,
amargos, súbitos. Silenció el corte recio de aquellos cuerpos
efímeros al paso, morados en el tren, y los dejó olvidar.


EPÍLOGO. NOVIEMBRE DE 1.943

Cesó el tambor de lunas en los trenes.
Treblinka deshilvanó las lágrimas metálicas
que cosieron los huesos hacia el bosque.
Y la nieve, turbada, amortajó de luna los rieles.

«Treblinka - Rail tracks» de Little Savage - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Treblinka_-_Rail_tracks.JPG#/media/File:Treblinka_-_Rail_tracks.JPG



®Soledad Sánchez Mulas



Este pequeño poemario es antiguo, pero muy querido para mí. La parte oscura del ser humano es grande, y nos muerde desde todos los rincones. 
Hoy también su voz nos llega desde muchos lugares del planeta. 
Tendamos la mano y la palabra, solo la mano abierta y la palabra desnuda. 
Y ningún tren.

En memoria de quienes perdieron su vida a manos de la locura. 

¿Hasta cuándo?



22 de diciembre de 2015

Feliz Navidad

Natività, 1650, Carlo Maratta,


No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor,
y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo;
de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido,
sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

Mt 20: 26-28

21 de diciembre de 2015

Despertar


Fotografía original de José Amador Martín Sánchez (10/12/2015)


Despertar


Todo pájaro es un milagro alado
Márcio Catunda


El pájaro de la desnudez
se posa breve en el alar del día.

Pequeño ángel,
indeciso,
húmedo aún en el temblor del sueño,
observando las copas de los árboles
y la luz promisoria de la substancia abierta.

Sus negros ojos atesoran el vértigo
y sus alas,
tibias apenas tras el helor del nido
que aguza las espinas,
trazan el vuelo:
palpitante silencio entre los labios,
entre las grietas de la piel dormida
tras los oscuros besos del reloj.

Tierno pájaro de la piel desnuda,
de la niñez sin horas, sin escuelas,
de la memoria
que intenta renacer en la vejez.

Párvulo ensueño,
frágil arquitectura de un deseo,
escombro dulce
abierto en la crudeza de la luz.

®Soledad Sánchez Mulas



21 de noviembre de 2015

"Interrumpidas", nuevo poemario de Raquel Graciela Fernández









Raquel Graciela Fernández
Comencé a querer a Raquel hace ya muchos años, a través de su blog "Pan con cicatrices". Me asomé a sus preciosas páginas con respeto, porque su voz, que me traía las lágrimas de la Pizarnik, o los ojos semicerrados de la Plath, y una canción susurrada, a veces potente, a veces sumergida en la impotencia o el dolor, me llegaba muy hondo.

La sinceridad de sus poemas, pero también la suya, radiante, alejada de los ruidos mediáticos, fija siempre en la profundidad de la palabra, me cautivó.

A pesar de no conocerla personalmente (nos separa el Atlántico, pues vive en Avellaneda (Buenos Aires), Argentina, tan lejana pero tan próxima gracias a la belleza de su acento intuido), es mi amiga en el amor a la poesía, y en la humildad del poeta ante su envergadura.

Su voz se hizo poema (otra vez, siempre) en Interrumpidas, para prestársela a aquellas mujeres, jóvenes y niñas, que fueron cortadas de raíz. Que se marcharon de la tierra dejando un latido en la prensa, y un corazón desbocado en sus hogares. Valiente, como es ella, cerró cada poema con una coda acerada en la que los nombres, fechas y datos golpean al lector y le recuerdan que, tras cada verso de bellísima factura, hay hombres de carne y hueso. De carne dura y afilado hueso. 

Interrumpidas denuncia, detrás de la belleza o sobre ella, y regala a estas preciosas criaturas (y a sus desoladas familias) la pervivencia. Porque Raquel las ha traído hasta nosotros, y ha rescatado su equipaje de vida de esa estación oscura que es la muerte.

Ahora, Raquel recorre las ciudades con su libro en las manos (porque es suyo, porque también ha puesto en el proyecto las monedas del César) para darlo a conocer: al trabajo poético suma la intendencia, ordenada, meticulosa y eficiente, regalando también su tiempo. Dando su abrazo a las familias, contando, de viva voz, cómo nació este pequeño milagro. 

¿Cómo no vamos a querer a Raquel?

Muchos grandes poetas han sembrado en las páginas de su blog su visión de Interrumpidas. Yo también deposité mi pequeña contribución: un gesto desde el corazón, alejado de la filología, que Raquel ha querido hacer prólogo. Gracias, de nuevo. Mil gracias por permitirme aportar este pequeño grano de arena a tu maravilloso proyecto.

Interrumpidas me llegó desde Argentina, en una edición cuidada y en un (otro, otro más) gesto de generosidad, acompañado de esa música que tan bien conozco.

¿Cómo no voy a querer a Raquel?

Sé que Interrumpidas es ya un éxito. Sé cuánta alegría vas sembrando en tus presentaciones (a pesar del dolor, a pesar de las preguntas sin respuestas). Solo puedo desearte que sigas siendo tú, así, como eres, galardonada y premiada muchas veces por tu calidad poética, pero, sobre todo, bendecida por tu generosidad y tu belleza interior.



http://madresdeldolor.org.ar/interrumpidas-de-raquel-fern%C3%A1ndez

http://seprin.info/2014/09/10/interrumpidas/

http://www.bn.gov.ar/evento/interrumpidas

http://raquelgracielafernandez.blogspot.com.ar/2015/11/interrumpidas-en-belisama.html

http://raquelgracielafernandez.blogspot.com.ar/2015/10/presentacion-desde-el-aliento.html

http://raquelgracielafernandez.blogspot.com.ar/2015/10/la-mala-palabra.html


Prólogo, Interrumpidas (enero 2015).

Interrumpidas
Raquel Graciela Fernández

fría como una llaga supurante
de vidrios rotos

Raquel nos regala un poemario del que surgen flores rotas, carnívoras y audaces; flores que, después de consumidos los versos —hoy no me detengo en la belleza formal de su poesía—, muerden mis talones.

Cada niña, cada mujer, de Interrumpidas tiene los ojos de mis hijas, las manos de mi madre, el movimiento de brazos de mi hermana, el caminar de mi mejor amiga. Cada niña, cada mujer de Interrumpidas, tiene mi piel.

Aúlla
como una casa vacía

Sus voces renacen en la voz de mi querida poeta para no morir nunca.
Y esas voces, en nuestros ojos, en nuestro cuerpo que se duele en las ausencias, en las cicatrices, en las sepulturas, germinan con la rabia de sus perpetuos silencios.
No están. Pero Raquel, a veces con la delicada forma de una lágrima, otras con las aristas del escombro, hace vibrar sus sombras, sus ecos, y compone una melodía dulce (y dolorosa) que entreteje historias de princesas y monstruos.

Como un reflujo de ángeles que hierven

Interrumpidas debe ser aldaba. Llamarnos a esos cuartos vacíos donde ahora ya no cabe la risa. Donde el cuerpo cedió el lugar a la ceniza; donde la ceniza cedió el espacio a la nada.
Aldaba que nunca interrumpa su agrio repique, que abra ojos, que estruje leyes, que proteja, que ampare, que cubra, que limpie.

Que desnude los cuerpos de huesos poderosos para que no golpeen más.

Nunca más.

Basta. Basta.

Basta ya.

niña de huesos que levitan,
de médula cristalina




Ana Orantes denunció públicamente, en un programa de televisión, el maltrato sufrido a manos de su esposo durante más de 40 años. Días después, este la roció con gasolina, en el patio de su casa, y le prendió fuego. Falleció calcinada (diciembre de 1997, Cúllar Vega, Granada, España). Su muerte supuso una conmoción nacional que culminó, en 2004, con una ley integral contra el maltrato de género. Su recuerdo da voz española a las mujeres que sufren maltrato de género.

Míriam, Toñi y Desirée fueron secuestradas en Alcácer (Valencia, España), en noviembre de 1992. Sus cadáveres aparecieron en enero de 1993. Las autopsias revelaron que habían sido brutalmente torturadas y violadas. Uno de los autores del crimen, Antonio Anglés, no pudo ser capturado, y a día de hoy se encuentra en paradero desconocido. El otro, Miguel Ricart, fue condenado a 170 años de prisión (aunque solo cumplió 21 y hoy está en libertad). Las niñas de Alcácer tenían 14 y 15 años. Iban a una fiesta de su instituto.
Sean ellas las voces de las niñas y mujeres españolas que han sido torturadas y asesinadas, y de las que aún están desaparecidas.

Salamanca, 12 de enero de 2015

Soledad Sánchez Mulas



Dos poemas para António Salvado

Sad angel (oil painting), Liviu Sava

sobre un leve manto de alegría
mi rostro esconde
la cicatriz de la tristeza

La hora sagrada
António Salvado


Mis ojos se alimentan en la luz,
crecen en el baile de la vida,
lloran
la emoción del silencio,
la comunión con el alba predecible,
el agua que late y germina.

Mis ojos anidan la belleza,
guardan la levedad de la semilla
que avienta el porvenir.

En su fondo,
en la afilada no luz
que nace tras el cuerpo del ciprés,
muere despacio el pétalo,
tiembla, desnuda, el ala.


  
No hay nada en el río, nada, nada…

La hora sagrada
António Salvado

Vacía y desnuda
para dejar que el agua me recorra.

Cantos rodados llorando en mis orillas,
resecos peces
de hambrientos ojos suspendidos
entre las ramas del ciprés.

Algas de amargo aroma
perfumando
el instante del miedo.

Es tiempo de erosión,
duele ahora el agua, sola,
fluyendo entre mis dedos,
lavando el cementerio de los barcos.

Prístino río,
impoluto, solo, refugio de la muerte.

©Soledad Sánchez Mulas


Do SAMEIRO BARROSO, María; GOUVEIA BARATA, María de Lurdes; y PÉREZ ALENCART, Alfredo (eds.) (2014): Um extenso continente. Antología de homenagem a António Salvado, Brasil, RVJ Editores.


1 de mayo de 2015

Tiempo de la madre

"Woman in front of the mirror" János Vaszary


" [...] Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo![...]"
César Vallejo, Poemas en prosa. "El buen sentido"


Tiempo de la madre

Mi tiempo me acerca al bajo de tu falda,
al crepitar de la sartén triste, de tu espalda,
del silencio que rodaba despacio
entre las alacenas.

Mi tiempo vuelve con tus labios fruncidos,
con tu pregunta en el alféizar
que a veces me dejaba llegar desde otras tierras.

Ahora que mis manos tiemblan también
con ese nerviosismo cauteloso de la arruga labrada
a golpe de secretos,
de cuerpo desmembrado, desprovisto de labios,
apenas sostenido por la espera
desde aquella ventana que ya es nuestra,
mi tiempo vuelve núbil,
reconocible, con el anillo de tus tardes de agujas,
de tus pasos sencillos hacia la dicha-muerte.

Mi tiempo se ha hecho tuyo
y me borro los ojos delante del espejo
con el temblor verdoso de tus dedos,
madre,
como si no supiese que me miras de nuevo
sabiendo que tengo que marcharme,
hija sólo en tu vientre,
tiempo entre las hogueras y los árboles.

®Soledad Sánchez Mulas


27 de marzo de 2015

El juego de la vida

Imagen fotográfica en http://squallinou14.deviantart.com/art/Happy-Lovers-371994440


Observó con ternura la vibrante esfera azul. Recibía el calor y la luz de la recién encendida estrella y parecía palpitar en la oscuridad. En sus manos, los frágiles cuerpos, inertes aún, esplendían en su perfección. Ambos diferentes en su completitud, idénticos en su necesidad de compenetración. Capaces de perpetuarse y ofrecer la constante renovación de la belleza.

Frente a Él, el aura que los animaría recibía los dulces impulsos de sus labios: la curiosidad, necesaria para el descubrimiento; la inteligencia, eficaz instrumento para el progreso; el miedo, imprescindible para la supervivencia; el valor, útil para afrontar los caminos que se abrirían; el lenguaje, la crucial herramienta para transparentar el yo definitivo… Dudó al exhalar el albedrío, cuyas inevitables consecuencias ya estaban presentes en el todo, mas, ¿cómo, si no, habrían de disfrutar de la auténtica libertad?

Infundió, en suma, los dones de su propia materia en aquella alma. Cada una sería distinta y única, pues el albedrío, la respuesta individual, conformaría su valor definitivo.

Frágil frente a sus ojos, el aura temblaba ligeramente en su color azul; solamente faltaba el último aliento, el más importante don que ofrecer a los recién nacidos a la vida.

Habría de ser el más fuerte de todos, capaz de reavivar cada una de las cualidades recibidas. Crecería en el silencio, en la observación, en el deseo de dar, en la renuncia; invadiría lentamente cada rincón del alma hasta convertirse en el motor vital. El Hombre perdería su “yo” para percibir plenamente el “nosotros”. Sería el más fuerte, aunque su cuerpo estuviese gravemente dañado; sería el más audaz, aunque el miedo le arañase la espalda; sería el más generoso, aunque sus manos estuviesen vacías; sería el más tierno, aunque a su alrededor merodeasen las fieras; sería el más paciente, aunque le acuciase la urgencia del encuentro; sería el más alegre, aunque su corazón estuviese aterido por la pena. Aprendería el auténtico valor de la espera, de la pertenencia, de la posesión, de la pérdida.

Este don, este último regalo, el Amor, sería el único capaz de divinizar al Hombre.

El soplo final convirtió el aura en una luminosa esfera que tornó su débil azul en un delirio naranja. Nada faltaba por hacer.

Pero sus labios se curvaron en una pícara sonrisa. Con su dedo índice dividió la esfera resplandeciente en dos mitades perfectas, y otorgó cada una de ellas a los dos cuerpos yacentes.

Sin perder la sonrisa, observó el despertar de sus criaturas: no habría más regla que el respeto a la libertad del otro, ni más fin que volver a ser una única alma. La alegría vendría dada en hallar la plenitud del encuentro con la otra mitad; el dolor, en la dificultad de la búsqueda; el placer, en la consumación carnal del reencuentro; la esperanza, en el deseo de la perpetuidad.

Y cuando dos mitades gemelas se hallaran, por fin, frente a frente, el Amor, completo y renacido, atraería sus auras haciéndolas, como en el origen de la Creación, Una.

Los dejó marchar. 

Había comenzado el maravilloso Juego de la Vida.

©Soledad Sánchez Mulas




11 de enero de 2015

Lágrimas


En mi sueño de hoy había lágrimas.

Blandas, delicadas.

Una fina capa de sal, esta mañana,
recibe en mis mejillas
el sol frío de un domingo azul.

El celeste silencio que ha apagado las luces.

Es enero,
y la vida
sigue.


©Soledad Sánchez Mulas




4 de julio de 2014

Poeta

Fotografía original de José Amador Martín Sánchez

Poeta

Hemos nacido para el amor del agua,
para la mansedumbre.

El ahogo es la voz de los poetas,
el rostro sumergido,
la boca fría que se desdibuja.

Nuestro cuerpo se ablanda en los silencios,
se torna inútil para escribir la historia.

Para escribir la garra de la historia.

En el amor del agua,
en el lugar exacto donde comienza el signo
de la podredumbre,
se sella la garganta y se diluye el labio.

Luego,
la lluvia siempre cae.

Como un amante que acontece el lecho.

©Soledad Sánchez Mulas


6 de junio de 2014

De uno y otro continente. Semana de Poesía en la USAL


Dentro de la Semana de Poesía de la Universidad de Salamanca, el martes día de las letras portuguesas (10 de junio), se presenta la antología Um extenso continente (homenagem ao poeta António Salvado), en la que tengo el placer de participar con dos pequeños poemas inspirados en algunos versos de su poemario La hora sagrada, junto con un magnífico grupo de poetas españoles, portugueses y latinoamericanos: Antonio Colinas, José María Muñoz Quirós, Juan Carlos López Pinto, Luis Frayle Delgado, Verónica Amat, José Amador Martín Sánchez, Carlos Aganzo, Elena Díaz Santana, Máximo Cayón, Boris Rozas, Santiago Redondo Vega, Juan Ángel Torres Rechy, Xenaro Ovín...

La antología ha estado coordinada por María do Sameiro Barroso, María de Lurdes Barata, Alfredo Pérez Alencart, Héctor Ñaupari y José Ben-Kotel.

Para todos los que queráis acompañarnos en la presentación, os esperamos el martes 10 de junio, a las 19h, en el aula Dorado Montero del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca.