17 de febrero de 2017

Niños oscuros

Imagen: https://morguefile.com
Niños oscuros



El mar y el sur besan los pies
al gigante blanco.

Esconden tigres en las caracolas
y humedecen cartas en el agua salada.

La tinta dibuja cauces de lágrimas
y ennegrece las mejillas
de las madres que esperan noticias.

Y las noticias llegan
en forma de medallones perdidos,
de cadenas que se hunden y se enredan en el coral
—burbujas nacidas en la esperanza
y disueltas en el nunca—,
de amuletos que bailan con la espuma,
de ojos eternamente abiertos.


El sur no sabe.

Desconoce los muros de olas
y la soledad de la arena en la playa
cuando los cuerpos caen
como hojas muertas.

Cuando los cuerpos mutan
en estatuas de sal,
entre conchas y minúsculos cangrejos;
cuando los cuerpos,
sin dueño ya,
sin horas,
se abaten en la orilla de los sueños.

...

El pequeño Aylan besa la arena
y sus labios, como pálidos peces,
abren surcos de esperanza niña.

El mar, que ignora el quién y el dónde,
borra sus huellas mientras lo desabriga
con una dulce ola.

Una imagen de cera traspasa el muro
que cierra su país.

Y una llave olvidada,
una fotografía
que navega perdida entre otras tantas,
se entierra en la playa.


La madre de papel
reblandece sus pechos en el mar.

Su leche son agujas de miedo,
líquidas en la soledad y el frío,
y el bebé, que aprieta sus pezones
hasta la extenuación,
llora hacia dentro,
acalla el gemido en sus ojos sin párpados.

Hambre mojada para sembrar la playa.


El mar es cuchillo afilado de adioses
que parte la carne y avienta la familia.

Madre que viaja sola, sin maleta y sin leche,
sin piel,
cuyo rastro se pierde en la aldea asolada.

Los hijos son voces metálicas
al otro lado. Siempre
al otro lado.

Alcancías de barro para ahorrar el dolor;
billetes de patera para un reencuentro;
monstruos de distancia para poblar las noches europeas.

La familia ya no es piedra angular,
ni faro, ni puerto.

Es un grito en un filo de espuma.


El jardín vedado no es el final del cuento.

Los niños oscuros,
bandadas de palomas asustadas,
se posan en lo alto de la esperanza.

Sus ojos, blancos de nieblas,
círculos de pena,
redondeles de hambre eterna,
observan las fuentes
y la alfombra de hierba.

Pero el gigante no se apiada,
no abre los brazos,
ni los comederos,
no sostiene la fronda para sus alas
que se deshojan en metálicos sueños.

Los niños oscuros nunca jugarán en su jardín.


El mar del sur extiende sus tentáculos
en forma de alambrada.

Un jirón de tela toca mi corazón.

Sabe a ausencia y a sueño,
cuelga dolorido del espino,
nos llama con su voz oscura,
con sus botas vacías
—frutos podridos
que han muerto en la ignorancia,
que penden de la sumisión—.

El sur estalla en una verja alta
donde los brazos de los niños sin madre,
oscuros por la pérdida y la incomprensión,
tocan
la melodía de una luna soñada.

Donde las lenguas de los niños sin padre,
oscuros tras el telón de un teatro pactado,
lamen
los talones del gigante blanco.




Poemas publicados en el volumen Para el grito, coordinado por José Manuel Ferreira Cunquero y editado por la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes (2017), en beneficio de Manos Unidas.

30 de agosto de 2016

Poética



Piedra (Poética I)

“...Extrañamente,
en el lomo de una piedra persistió una de sus alas...”
José Watanabe (La Piedra Alada)


Sobre mi piel rugosa
el latido de sombra de los pájaros,
la sed del agua etérea que mana su escultura,
el eco generoso de un cincel.

Sobre mi pétrea piel
el hambre circular de morirme en aristas,
de desnudarme en mínimos anclajes,
de copular la gota de tortura.

Sobre mi costra dura, calcinada,
un sigiloso beso que lloran las mañanas de rocío.

O el ala del pelícano.

Y el centro como el hueso de algún fruto maduro,
cueva de voz,
arcana arquitectura.








Filigrana (Poética II)

“...Una mano de piedra
aventó los guijarros...”
Pablo Neruda (Piedras para María)


Naciste ya voluta en la abisal cantera.
Festón imaginario descollando amoroso
sobre el sudor morado:
lengua de sal o vértigo de manos.
Maza o silencio,
sueño o clamor
y un delicado encaje de pétreas madreselvas
besándose en la cal.

©Soledad Sánchez Mulas

Poemas publicados en la Revista Ágora Digital (número 22, boletín 7, enero de 2011). (Click aquí para acceder)


8 de agosto de 2016

Julián Martín Martín

Hoy traigo a mi blog uno de los regalos más bonitos que he recibido nunca: un hermoso soneto de Julián Martín Martín.

No creo merecer tanto.

Muchas gracias, Julián.


LLUVIA

A Soledad Sánchez Mulas


                El valle en el que habita la poesía
                alzada sobre luces siderales.
                Donde junto a durísimos zarzales
                emergen nuevas flores cada día.

                Donde siempre renace la armonía
                suspendida en efluvios naturales.
                Donde la brisa sueña manantiales
                y cruza tenue la melancolía,

                se ha posado silente una paloma
                que ha sabido llevar de loma en loma
                con sus alas, la llama del poema.

                Le ha engarzado palabras al rocío
                y a las aguas frutales de su río
                le ha sembrado de orquídeas la diadema.

Julián Martín Martín
Aldeatejada, 3 de febrero de 2010

18 de abril de 2016

Casa y corazón

Casa y corazón
El sueño se cumple con la energía del esfuerzo. Se vuelve plata brillante, se enhebra en la cadena de la vida y te coloca en el alero, con las alas desplegadas, dispuesta al primer vuelo ultramarino.

El ópalo blanco te brindará la calma de la piedra, la iridiscencia de aquello que conoces y de todo lo que tu corazón intuye. La serenidad para poner en tus manos el amor por tu trabajo, por aquellos a quienes cuidarás y consolarás, porque en ellos vivimos todos los que te queremos. La responsabilidad pausada que te acercará a tus pacientes, seres humanos por encima de todo, para entregarles lo mejor de ti.

Y la casa abierta, de tatuado corazón, es nuestro hogar. El que construimos con todos nuestros sueños, nuestras tardes de ángeles, nuestras noches de viernes, nuestras horas de estudio y confidencias, de secretos, de fábulas, de miedos y alegrías. 

El corazón se abre como labios para esta despedida, y te nombra y nos nombra: familia, puerto y tierra. El vuelo se dibuja sobre el agua (no te engañen las lágrimas, son olas, las nuestras) para trazar la línea del viaje. 

Y no importa cuan lejos: casa y corazón son ancla, puerta abierta, siempre, para todos tus regresos.


(No te engañen las lágrimas, son olas, las nuestras: más que al mar).







24 de enero de 2016

El faro


Ilustración: Mikel Barrero de la Fuente

El faro

Permaneció en la niebla durante la luna del deshielo y atrajo, con su destello atormentado, a los barcos que regresaban de la tierra abrasada. Nunca pudieron medir la envergadura de su construcción, ni conocer las manos que avivaban el eterno fuego de su almena cristalina. Pero era el momento donde los corazones descansaban; donde terminaban los suspiros y la ceguera del mar desdibujado; donde acababan los días grises sin horas, cuyo único diapasón era el bramido de la mar oscura.

La luz de su altanera torre contenía el secreto de las palabras no contadas y, al reflejarse en los ojos de los temerosos vigías, abría en sus pechos un torrente de historias ocurridas durante el viaje que se desgranaban sobre las tablas podridas de los barcos. La promesa de la tierra jugosa asomaba por las rendijas de cubierta y florecía, en carnosas guirnaldas de esterlicias, sobre los labios de los marineros. Al contacto con las gotas minúsculas suspendidas en la densa niebla, se deshojaba, como una mujer en su primer lecho, sobre la bravura de las aguas.

Las historias llegaban a las brillantes orillas en un baile de pétalos de hematites que reflejaban, con dulce sorpresa, los primeros rayos de luna.

Cuando los marineros pisaban al fin la negra arena, volvían las cansadas cabezas hacia la roca intuida buscando la salvadora luz. Pero la niebla se convertía en un tapiz cuajado de brillantes anillos y el faro, en su silencioso empeño, había desaparecido.

Las historias se enredaban entonces en los delicados tobillos de los tatuados. Se sentaban bajo los primeros árboles de copas ovales, cuya savia goteaba sobre sus cabezas, y comenzaban a tejer el Libro del Camino de Vuelta. No se agotaban sus gargantas, ni se entumecían sus dedos, ni sus ojos cerraban los párpados en busca de un recuerdo olvidado o de un descanso.

Cada tatuado, con la luz del faro ardiendo en el centro de su ser, contaba en las frágiles páginas cada signo grabado en su piel. Cada huella de cada viaje. Cada paso en la huida.

©Soledad Sánchez Mulas

Mikel Barrero de la Fuente: artista genial, cuyos relatos, fotografías e ilustraciones, nos trasladan a universo inquietante en el que la mirada y el corazón se abren como fuegos artificiales.
http://mikelbarrerodlfuente.blogspot.com.es/

Ilustración: Mikel Barrero de la Fuente




  

22 de enero de 2016

Tormenta nocturna






La balda tiembla, crujen los ensamblajes del mueble, crepitan las letras al caer sobre el lomo ajado de La celestina. La tormenta nocturna estremece los cajos de Quo Vadis, agita las hojas de Nostromo, deshace las tarlatanas de Siddhartha

Se atormentan sus pálidos cuerpos porque alguien ha encendido, otra vez, el maldito televisor.


© Soledad Sánchez Mulas




26 de diciembre de 2015

Treblinka

 
Fotografía de Ira Nowinski (Corbis)




Los trenes de la muerte 



PRÓLOGO. VERANO DE 1.942

Treblinka se duele de rieles.
Y ha florecido en trenes, un engañoso bulbo a sus espaldas.
Dentro, en la tierra, un rizoma de huesos.


(I) UMSCHLAGSPLATZ. EL PRIMER VIAJE

Qué lunas rotas
llevadas en el halda,
qué rastro de claveles
en los talones heridos
de balasto,
en los rieles afilados
de frío:
puente y traviesas
apresurando el alba.

Qué huida incauta
delante de la bestia,
hendiendo
el aire con fauces
ambarinas,
que arrastra
tras de sí
todos los cuerpos huecos,
llorando en pos del alma.

Qué negra calma
sentada en los andenes,
con los pañuelos
blancos
saludando,
sin manos, a todos esos trenes
que pasan
y que rompen,
con sus ventanas ciegas,
todos los ojos
mudos.

Qué golpe seco
cayendo en los vagones:
todo el plomo
del tiempo
fundiendo
los recuerdos,
en una oscuridad
felina y cúbica
que cuelga
de los árboles borrosos.

Qué mustias flores
bailando en los sombreros,
las alas rotas
resbalando, sumisas,
sobre las secas frentes.
Desmesurados
bosques,
de cuerpos apretados,
previos
humos de huesos
en el aire,
mecidos
por el vaivén lascivo.

Qué lunas,
seis lunas rotas
a horcajadas
del ignorante tren.

Deportados del gueto de Varsovia subiendo al tren (Courtesy: Leopold Page Photographic Collection,USHMM. - See more at: http://ww2today.com/4th-august-1942-waiting-for-the-end-in-the-warsaw-ghetto#sthash.Yju78nJc.dpuf)



(II)  IRENA EN EL TREN

Debes dejar que pose el agua turbia en este abrevadero,
dejar que el tren inmole las arañas
que tejen las orgánicas guirnaldas.
Que caiga en lajas tu tímida pared,
mientras tus uñas
raspan la madera,
y el cuerpo junto al tuyo
se consume en su fiebre.
Debes cegar los ojos con el ruido meloso
de las cigarras que arrastran este tren,
y nacerte en el vértice conciso
de la última pregunta que te quema;
olvidar el futuro para no despeñarte
por las aristas romas
que el viento de este eterno viaje
anuda a tus caderas.
Debes hablar con los labios partidos,
contar un cuento desde la cúspide de un cardo,
prender una torá en el envés de la hoja calcinada,
bajar del tren en la estación, desnuda, sólo tu piel,
encaje de minúsculas polillas.

Irena Sendlerowa, «Irena Sendlerowa 1942» de Desconocido - Teresa Prekerowa "Konspiracyjna Rada Pomocy Żydom w Warszawie 1942-1945"( The underground Council to Aid Jews in Warsaw 1942-1945) Warszawa 1982 ISBN 83-06-00622-4. Immediate source: Irena Sendler 1943 (2) online.. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Irena_Sendlerowa_1942.jpg#/media/File:Irena_Sendlerowa_1942.jpg


(III)  VAGÓN OSCURO

Furioso, aprieta el intestino y muerde la hora
del cilantro en la taza lunar de la polilla.
Se aplasta, erógeno, entre todos los cuerpos,
impregnando su olor, amarga almendra,
tallando en las maderas del vagón
un icono oxidado de madre-niño-monstruo.
Recorre el montículo de huesos, bailando
como nieve en las patas preñadas de la abeja,
levantando los vellos como husos,
hilando babas frías, descolgadas, en la boca de un niño.

No se duerme en el sueño. Cae al agua como
una astuta sámara, confabulada
con el viento que alza el gemir de algún bulto
y el movimiento rítmico:
yunque solar,
martillo enastado en algún astro,
del tren que coloniza. Abre una boca
para meterse dentro, amasando la roja suavidad,
tronzando el ciclamor en leña de pizarra.

Salta a un pecho y arrolla los rizomas
de algún jardín secreto para hacerse una capa.
Se yergue, sobre el sopor de un pámpano,
y aúlla como un lobo desde el laso tendal
donde ondeaba una camisa oscura, con un sol en la manga.

Brama en el tren, arrinconando agujas,
con las uñas al borde de los órganos,
escudriñando las últimas ventanas donde se muere
un lirio.

El miedo se despliega, satisfecho,
dueño y señor del filo estrecho y cárdeno
del ojo,
premonitorio humo,
cubriendo de ceniza las cordilleras óseas
que caen sin remisión en el túnel oscuro.


(IV)  NIÑO POLACO

Él los vio.
Asomado en la paz de sus ojos azules
y su cabello rubio, seguro en la indolencia de los años inocuos
de la infancia.
En el calor de aquel agosto extraño,
con las rodillas sucias, los vio pasar.
Y vio que los callaban las bocas de los hombres;
los silenció su padre, con la mirada rota
los agostó su madre, con las manos ocultas en la nieve,
perdiendo la mirada sobre los campos
secos de Treblinka.
Él vio aquella estación de cartón piedra
que se tragaba enteros los rieles,
ahondando en la alambrada, lejos,
donde las bocas ásperas cerraban pabellones.
Llegaron muchos, rompiendo con su estertor metálico
las tardes muertas. Y aquel hedor. El aire se caía
a pedazos, y lo silenció el pueblo
peinando el sol de aquel mortal verano.
Él recorrió todo el metal de todos los espinos,
y vio las falsas casas que esperaban,
los rimeros de flores… y aquellos barracones.

Pudo verlos a ellos. Una noche de impresionante luna,
tantos, tantos… bajando sombras con sus tristes maletas.
En silencio absoluto, sólo hablaban los ojos,
un rebaño de ojos esa noche.
Y guardó el secreto de sus pieles desnudas,
de todos los corales relucientes, de los vellos espesos,
del pudor de las manos cruzadas. Pero era un niño.
Y recorrió las cercas, y siguió aquel desfile.
Volvió muy tarde, envuelto en las mortajas
de ojos y de pieles, de cabellos rapados. Volvió
borracho de una masa de carne resignada.

Y se sentó fragante en el andén. Todos los días.
Y aguardaba los primeros bufidos, clavados en el aire
espeso y maloliente. Afinaba los ojos en las grietas
del vagón de ganado, y encontraba miradas:
bandadas de palomas asustadas en todas las rendijas.
Y se las calló todas. Y comía el pan recién hecho y caliente,
y abrazaba a su madre, y tiraba a lo lejos las piedras planas
en el río. Y se guardaba los ojos, las pieles, las hileras…
y aquel olor… a muerte.
Los vio pasar. Los trenes. Tantos trenes.
Los fue callando todos, uno a uno.  Y cada tren parió una luna
fría, en cada uno de sus techos. Córneas y lunas.
Capilares de sangre en cada rama que cortaba las lunas.
Y, abrazado a sus piernas, en el reseco andén
-mugre reciente en las rodillas, costra de alcíbar sobre el tierno latir-,
los vio pasar a todos. Se los calló de muerte en sus papilas,
amargos, súbitos. Silenció el corte recio de aquellos cuerpos
efímeros al paso, morados en el tren, y los dejó olvidar.


EPÍLOGO. NOVIEMBRE DE 1.943

Cesó el tambor de lunas en los trenes.
Treblinka deshilvanó las lágrimas metálicas
que cosieron los huesos hacia el bosque.
Y la nieve, turbada, amortajó de luna los rieles.

«Treblinka - Rail tracks» de Little Savage - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons - https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Treblinka_-_Rail_tracks.JPG#/media/File:Treblinka_-_Rail_tracks.JPG



®Soledad Sánchez Mulas



Este pequeño poemario es antiguo, pero muy querido para mí. La parte oscura del ser humano es grande, y nos muerde desde todos los rincones. 
Hoy también su voz nos llega desde muchos lugares del planeta. 
Tendamos la mano y la palabra, solo la mano abierta y la palabra desnuda. 
Y ningún tren.

En memoria de quienes perdieron su vida a manos de la locura. 

¿Hasta cuándo?



22 de diciembre de 2015

Feliz Navidad

Natività, 1650, Carlo Maratta,


No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor,
y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo;
de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido,
sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.

Mt 20: 26-28

21 de diciembre de 2015

Despertar


Fotografía original de José Amador Martín Sánchez (10/12/2015)


Despertar


Todo pájaro es un milagro alado
Márcio Catunda


El pájaro de la desnudez
se posa breve en el alar del día.

Pequeño ángel,
indeciso,
húmedo aún en el temblor del sueño,
observando las copas de los árboles
y la luz promisoria de la substancia abierta.

Sus negros ojos atesoran el vértigo
y sus alas,
tibias apenas tras el helor del nido
que aguza las espinas,
trazan el vuelo:
palpitante silencio entre los labios,
entre las grietas de la piel dormida
tras los oscuros besos del reloj.

Tierno pájaro de la piel desnuda,
de la niñez sin horas, sin escuelas,
de la memoria
que intenta renacer en la vejez.

Párvulo ensueño,
frágil arquitectura de un deseo,
escombro dulce
abierto en la crudeza de la luz.

®Soledad Sánchez Mulas



21 de noviembre de 2015

"Interrumpidas", nuevo poemario de Raquel Graciela Fernández









Raquel Graciela Fernández
Comencé a querer a Raquel hace ya muchos años, a través de su blog "Pan con cicatrices". Me asomé a sus preciosas páginas con respeto, porque su voz, que me traía las lágrimas de la Pizarnik, o los ojos semicerrados de la Plath, y una canción susurrada, a veces potente, a veces sumergida en la impotencia o el dolor, me llegaba muy hondo.

La sinceridad de sus poemas, pero también la suya, radiante, alejada de los ruidos mediáticos, fija siempre en la profundidad de la palabra, me cautivó.

A pesar de no conocerla personalmente (nos separa el Atlántico, pues vive en Avellaneda (Buenos Aires), Argentina, tan lejana pero tan próxima gracias a la belleza de su acento intuido), es mi amiga en el amor a la poesía, y en la humildad del poeta ante su envergadura.

Su voz se hizo poema (otra vez, siempre) en Interrumpidas, para prestársela a aquellas mujeres, jóvenes y niñas, que fueron cortadas de raíz. Que se marcharon de la tierra dejando un latido en la prensa, y un corazón desbocado en sus hogares. Valiente, como es ella, cerró cada poema con una coda acerada en la que los nombres, fechas y datos golpean al lector y le recuerdan que, tras cada verso de bellísima factura, hay hombres de carne y hueso. De carne dura y afilado hueso. 

Interrumpidas denuncia, detrás de la belleza o sobre ella, y regala a estas preciosas criaturas (y a sus desoladas familias) la pervivencia. Porque Raquel las ha traído hasta nosotros, y ha rescatado su equipaje de vida de esa estación oscura que es la muerte.

Ahora, Raquel recorre las ciudades con su libro en las manos (porque es suyo, porque también ha puesto en el proyecto las monedas del César) para darlo a conocer: al trabajo poético suma la intendencia, ordenada, meticulosa y eficiente, regalando también su tiempo. Dando su abrazo a las familias, contando, de viva voz, cómo nació este pequeño milagro. 

¿Cómo no vamos a querer a Raquel?

Muchos grandes poetas han sembrado en las páginas de su blog su visión de Interrumpidas. Yo también deposité mi pequeña contribución: un gesto desde el corazón, alejado de la filología, que Raquel ha querido hacer prólogo. Gracias, de nuevo. Mil gracias por permitirme aportar este pequeño grano de arena a tu maravilloso proyecto.

Interrumpidas me llegó desde Argentina, en una edición cuidada y en un (otro, otro más) gesto de generosidad, acompañado de esa música que tan bien conozco.

¿Cómo no voy a querer a Raquel?

Sé que Interrumpidas es ya un éxito. Sé cuánta alegría vas sembrando en tus presentaciones (a pesar del dolor, a pesar de las preguntas sin respuestas). Solo puedo desearte que sigas siendo tú, así, como eres, galardonada y premiada muchas veces por tu calidad poética, pero, sobre todo, bendecida por tu generosidad y tu belleza interior.



http://madresdeldolor.org.ar/interrumpidas-de-raquel-fern%C3%A1ndez

http://seprin.info/2014/09/10/interrumpidas/

http://www.bn.gov.ar/evento/interrumpidas

http://raquelgracielafernandez.blogspot.com.ar/2015/11/interrumpidas-en-belisama.html

http://raquelgracielafernandez.blogspot.com.ar/2015/10/presentacion-desde-el-aliento.html

http://raquelgracielafernandez.blogspot.com.ar/2015/10/la-mala-palabra.html


Prólogo, Interrumpidas (enero 2015).

Interrumpidas
Raquel Graciela Fernández

fría como una llaga supurante
de vidrios rotos

Raquel nos regala un poemario del que surgen flores rotas, carnívoras y audaces; flores que, después de consumidos los versos —hoy no me detengo en la belleza formal de su poesía—, muerden mis talones.

Cada niña, cada mujer, de Interrumpidas tiene los ojos de mis hijas, las manos de mi madre, el movimiento de brazos de mi hermana, el caminar de mi mejor amiga. Cada niña, cada mujer de Interrumpidas, tiene mi piel.

Aúlla
como una casa vacía

Sus voces renacen en la voz de mi querida poeta para no morir nunca.
Y esas voces, en nuestros ojos, en nuestro cuerpo que se duele en las ausencias, en las cicatrices, en las sepulturas, germinan con la rabia de sus perpetuos silencios.
No están. Pero Raquel, a veces con la delicada forma de una lágrima, otras con las aristas del escombro, hace vibrar sus sombras, sus ecos, y compone una melodía dulce (y dolorosa) que entreteje historias de princesas y monstruos.

Como un reflujo de ángeles que hierven

Interrumpidas debe ser aldaba. Llamarnos a esos cuartos vacíos donde ahora ya no cabe la risa. Donde el cuerpo cedió el lugar a la ceniza; donde la ceniza cedió el espacio a la nada.
Aldaba que nunca interrumpa su agrio repique, que abra ojos, que estruje leyes, que proteja, que ampare, que cubra, que limpie.

Que desnude los cuerpos de huesos poderosos para que no golpeen más.

Nunca más.

Basta. Basta.

Basta ya.

niña de huesos que levitan,
de médula cristalina




Ana Orantes denunció públicamente, en un programa de televisión, el maltrato sufrido a manos de su esposo durante más de 40 años. Días después, este la roció con gasolina, en el patio de su casa, y le prendió fuego. Falleció calcinada (diciembre de 1997, Cúllar Vega, Granada, España). Su muerte supuso una conmoción nacional que culminó, en 2004, con una ley integral contra el maltrato de género. Su recuerdo da voz española a las mujeres que sufren maltrato de género.

Míriam, Toñi y Desirée fueron secuestradas en Alcácer (Valencia, España), en noviembre de 1992. Sus cadáveres aparecieron en enero de 1993. Las autopsias revelaron que habían sido brutalmente torturadas y violadas. Uno de los autores del crimen, Antonio Anglés, no pudo ser capturado, y a día de hoy se encuentra en paradero desconocido. El otro, Miguel Ricart, fue condenado a 170 años de prisión (aunque solo cumplió 21 y hoy está en libertad). Las niñas de Alcácer tenían 14 y 15 años. Iban a una fiesta de su instituto.
Sean ellas las voces de las niñas y mujeres españolas que han sido torturadas y asesinadas, y de las que aún están desaparecidas.

Salamanca, 12 de enero de 2015

Soledad Sánchez Mulas