Conmovido e iluminado por tan fecundo poema, el día 2 de Octubre yo le hago un comentario que podéis leer a continuación:
Quisiera,
pero me es imposible.
A lo mejor es que no quiero,
o no puedo.
¿Qué pasa con tus manías?
Mi paraguas y la lluvia,
la mística presencia,
mis sueños, y los tuyos
los nuestros:
¿Fueron sólo puro azar,
o van a ser reales?
¿Tanto como lo fueron,
o lo son,
quienes nos rodean,
los que no son,
porque son diferentes,
o porque eligieron lo otro?
Y ¿por qué olvidar
esa tarde que pasé contigo?
Tú,
con tus labios sensuales,
granates e insinuantes,
con tus medias transparentes,
¡qué hermosura!
¡Qué oportuna esa lluvia,
que nos obligaba
a mezclarnos!
Tú,
con ese cuerpo, el tuyo,
que siempre superaba
a todas las pinturas.
Tú,
con ese sujetador,
que yo imaginaba en tu cuerpo,
pieza innecesaria,
porque nada tenía que sujetar:
tus senos altivos
me miraban de frente,
y se mantenían erectos,
no sé si insinuantes
o amenazantes...
Y esas noches,
pasadas contigo,
bajo el resplandor
de la luna traicionera.
Tú,
con la sonrisa en el rostro,
al son de una música celestial,
las palabras titubeantes
que salían de tus labios…
y de los míos.
Y todos esos nombres
de gente importante,
que ya no lo eran,
porque tú lo eras todo,
y lo sigues siendo.
Me pareció por un momento,
que todo estaba al revés,
o casi todo,
porque la mujer
de Van Oostzanen
parece real:
ésa eres tú.
Y la de Rebecca Campbell,
también es real,
pero no eres tú,
porque está al revés.
Y es que yo
no quiero olvidar,
ni mucho menos olvidarte a ti,
porque tú estás dentro de mí,
y yo, sin ti,
ya no soy yo.
En ese caso,
sería otro,
y yo quiero seguir
siendo yo,
pero contigo.
Antonio Martín Ortiz

Entre éstas, o a continuación,
mi gran amiga también Soledad Sánchez Mulas, que está toda ella llena de inspiración y encanto, cuando se pone a escribir, y también cuando no escribe, me envía un correo electrónico el día 4 de Octubre, alabando el poema de
Elena Pascual, y comentando, en forma de diálogo, lo que yo escribí, sin optar por publicarlo como comentario en
el blog de Elena Pascual, porque parecería demasiado barroco tanto comentario, y, sobre todo, para no convertirse en protagonista ella,
Soledad Sánchez Mulas, porque aquí el protagonismo es todo para
Elena Pascual, que es la que dio origen a estos comentarios en cascada, porque su poema es fecundo y muy fecundo, ya que ha sido el origen y la causa de todo. Le digo a
Soledad Sánchez Mulas que sus versos no deben quedar sin ser publicados, porque son exquisitos, como lo son todos los suyos, y me da permiso para que los haga públicos en mi espacio. Le doy las gracias y os los pongo a continuación (
en color rojo, lo que yo escribí; y
en color azul, lo que ella intercaló):
Quisiera,
pero me es imposible.
A lo mejor es que no quiero,
o no puedo.
Debería dejarme caer en el olvido,
pero sé que me enganchas...
siempre tus tibios músculos alerta
para sacarme a flote.
¿Qué pasa con tus manías?
Mi paraguas y la lluvia,
la mística presencia,
mis sueños, y los tuyos
los nuestros:
¿Fueron sólo puro azar,
o van a ser reales?
¿Tanto como lo fueron,
o lo son,
quienes nos rodean,
los que no son,
porque son diferentes,
o porque eligieron lo otro?
Esa montaña mágica
de minúsculas cosas
que elevamos, a medias,
¿existe?, díme, ¿se hace perenne?
¿vive?
Y ¿por qué olvidar
esa tarde que pasé contigo?
¿Vaciarme de tí?
¿Ahogarme ahora
en la turbia humedad de tu presencia?
Tú,
con tus labios sensuales,
granates e insinuantes,
con tus medias transparentes,
¡qué hermosura!
¡Qué oportuna esa lluvia,
que nos obligaba
a mezclarnos!
Tú,
con ese cuerpo, el tuyo,
que siempre superaba
a todas las pinturas.
Tú,
con ese sujetador,
que yo imaginaba en tu cuerpo,
pieza innecesaria,
porque nada tenía que sujetar:
tus senos altivos
me miraban de frente,
y se mantenían erectos,
no sé si insinuantes
o amenazantes...
Y esas noches,
pasadas contigo,
bajo el resplandor
de la luna traicionera.
Tú,
con la sonrisa en el rostro,
al son de una música celestial,
las palabras titubeantes
que salían de tus labios…
y de los míos.
Sí, sé que fue un estruendo
el golpe de tu carne
en mi carne.
Sí, me comí tus labios
debajo de una luna indolente,
y te prometí pócima
de jugo eterno y franco.
Sí, sin tí no fui nadie,
hasta que aquella tarde
llovió café en mi sábana...
Y todos esos nombres
de gente importante,
que ya no lo eran,
porque tú lo eras todo,
y lo sigues siendo.
Dejé de ser así, como quería,
para serte
a tu forma.
Se cayeron mis naipes.
Me pareció por un momento,
que todo estaba al revés,
o casi todo,
porque la mujer
de Van Oostzanen
parece real:
ésa eres tú.
Y la de Rebecca Campbell,
también es real,
pero no eres tú,
porque está al revés.
Y eras tú.
Por dentro y por debajo,
todo piel, todo cuerpo,
y sólo era tu cara
mi amordazante espejo.
Y es que yo
no quiero olvidar,
ni mucho menos olvidarte a ti,
porque tú estás dentro de mí,
y yo, sin ti,
ya no soy yo.
Quiero olvidarme entera de los otros,
y ahogarme en tu costumbre.
Tú y yo,
pero sin mí,
sólo contigo.
En ese caso,
sería otro,
y yo quiero seguir
siendo yo,
pero contigo.
Como si de un acto mágico se tratase,
Elena Pascual publica el 11 de Octubre una entrada con el título de
En mis nocturnos sueños imagino que te tengo, un texto lleno de inspiración y cariño, que me dedica y en el que incluye una buena parte de las palabras que yo dejé como comentario a su poema, detalle que yo le agradezco muy sinceramente.
PS.: Para mí es todo un placer y un gran orgullo poder contar con la amistad de
Soledad y
Elena, y tener la oportunidad de disfrutar de sus escritos, en verso y en prosa, que siempre son enriquecedores. Y tengo que agradecerles a ambas que me hayan permitido adornar mi humilde espacio con poemas soberbios escritos por ellas.
A lo largo de esta exposición habréis encontrado los múltiples enlaces que os remiten a los correspondientes espacios de
Elena y
Soledad. "