21 de noviembre de 2015

Dos poemas para António Salvado

Sad angel (oil painting), Liviu Sava

sobre un leve manto de alegría
mi rostro esconde
la cicatriz de la tristeza

La hora sagrada
António Salvado


Mis ojos se alimentan en la luz,
crecen en el baile de la vida,
lloran
la emoción del silencio,
la comunión con el alba predecible,
el agua que late y germina.

Mis ojos anidan la belleza,
guardan la levedad de la semilla
que avienta el porvenir.

En su fondo,
en la afilada no luz
que nace tras el cuerpo del ciprés,
muere despacio el pétalo,
tiembla, desnuda, el ala.


  
No hay nada en el río, nada, nada…

La hora sagrada
António Salvado

Vacía y desnuda
para dejar que el agua me recorra.

Cantos rodados llorando en mis orillas,
resecos peces
de hambrientos ojos suspendidos
entre las ramas del ciprés.

Algas de amargo aroma
perfumando
el instante del miedo.

Es tiempo de erosión,
duele ahora el agua, sola,
fluyendo entre mis dedos,
lavando el cementerio de los barcos.

Prístino río,
impoluto, solo, refugio de la muerte.

©Soledad Sánchez Mulas


Do SAMEIRO BARROSO, María; GOUVEIA BARATA, María de Lurdes; y PÉREZ ALENCART, Alfredo (eds.) (2014): Um extenso continente. Antología de homenagem a António Salvado, Brasil, RVJ Editores.


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